lunes, 9 de enero de 2012

No es curioso como cuando algún ser querido muere, todos no la pasamos llorando y lamentando nuestra perdida, porque nuestro pesar no es por la muerte de aquel, sino porque egoístamente pensamos "ya no lo voy a ver", "con quien voy a compartir tal o cual cosa", etc., etc., al final nuestro dolor es porque perdemos a un sujeto que nos ayudaba a ser nosotros mismos, pues este era <<nuestra tal o cual persona>> que nos ayudaba como referencia, al ya no estar tendemos a sentir un vacío, esa referencia faltante. me indigna el egoísmo que alcanzamos, que yo misma he alcanzado, pues lamentamos la muerte como si fuera un mal, como si después de esta viéramos un eterno tormento, ¿pero que acaso no vemos ese tormento para nosotros?, pues el que muere ya no está sufriendo las penas y horrores que se viven en este mundo, el que muere está bien, sino que aun mejor para él, ya no está, ya no es, ya no siente, el que muere está bien, pero nosotros no dejamos de llorar, porque le hemos perdido. Primero  jamás se perderá algo que no es pertenencia propia. Deberíamos de alegrarnos por su bien, nunca vivirás tan bien, sino hasta que la vida este completa, y esto es con la muerte. Si creemos que pudo haber disfrutado mas, no deberíamos lamentarnos porque ya no podrá vivir más, sino que debemos vivir más en su memoria y no permitir que alguien más deje de vivir cosas si son necesarias. Debemos recordar a los difuntos en sus mejores momentos, y reconocer las virtudes de los vivos, dejar de lamentar lo que ya no se puede cambiar.

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